
Ya no nos duelen los silencios,
- ya no nos duelen;-
ahora pertenecen como otra costumbre
enraizada, a nuestra armadura.
Somos árboles,
indolentes al desden
y a la visita diaria de la muerte.
Nos alimenta solo la agónica memoria,
y devoramos nuestros recuerdos
mientras inventamos flores que no perfuman.
Ya no morimos por dentro.
No podemos,
porque dejaron de dolernos los silencios.
Somos árboles gastados.
ZS